Euskadi. Manifiesto en aras de un Proceso de Paz. Condiciones básicas.

Manifiesto. Iniciativa popular en favor de los derechos civiles y políticos

Somos muchos y muchas las que, en este país, observamos con preocupación la vulneración de derechos civiles y políticos que se ha ido afianzando durante la última década. El Estado español, y a otro nivel el francés, dirige sus baterías legislativas, ejecutivas, judiciales… hacia un punto en el cual el mero ejercicio público y transparente de la actividad social y política se convierte en delito. Esta estrategia condiciona el presente y el futuro de Euskal Herria.
Así las cosas, creemos que es momento de enfrentarnos a hechos sin parangón en Europa. Y es por eso que debemos poner en marcha instrumentos que, como pueblo, nos permitan revertir la situación, restituir el respeto y la garantía de los derechos civiles y políticos, restablecer la democracia. Una iniciativa en defensa de la expresión libre de personas y colectivos. Un esfuerzo colectivo para crear, impulsar y asegurar una nueva situación en la que las ideas y opiniones latentes en este pueblo vuelvan libres a la plaza pública. Por eso, amparados por declaraciones de organismos internacionales de reconocido prestigio, reclamamos el ejercicio efectivo de los siguientes derechos ineludibles:

Libertad de opinión. Los estados están empleando todas las medidas a su alcance para, más allá de quitar la palabra, incluso desterrar el pensamiento disidente en Euskal Herria. Se impone así un verdadero estado de excepción que censura reclamaciones legítimas y afecta de manera irremediable a la libertad de pensamiento.

Libertad de expresión El cierre de medios de comunicación, la limitación de la libre participación en ruedas de prensa, conferencias, actos públicos, la criminalización, en definitiva, de la expresión de ciertas ideas, incluso sentimientos, impide la participación popular en la vida política. Esto certifica la defunción de un estado que tal vez alguna vez se quiso considerar de derecho.

Libertad de asociación. La ilegalización de organismos populares, el encarcelamiento de ciudadanos y ciudadanas que participan en ellos y la prohibición de sus actividades es muestra del autoritarismo y del monopolio que el estado quiere hacer del derecho a organizarse.

Libertad de manifestación. La continua restricción en la convocatoria de manifestaciones pacificas y la violencia con que se ejecuta esta prohibición, con muestras cada vez más vergonzosas de brutalidad policial, nos revela la verdadera faz de sus responsables y sus gestores políticos.

Derecho a la intimidad y privacidad. La proliferación de tecnologías de vigilancia y de control social, el espionaje a organismos políticos, el almacenamiento y utilización de datos personales en ficheros secretos… medidas justificadas en el todopoderoso concepto de ‘‘seguridad’’, conllevan una agresión a la esfera privada de la persona, siendo esto el ingrediente más definidor de un estado policial.

Derecho de acceso a la justicia. La criminalización de la actividad pública y la extensión exacerbada del término ‘‘terrorismo” se ha propagado, como una metástasis, a toda la administración de justicia. La arbitrariedad y la politización han arraigado definitivamente en el poder judicial. La posibilidad de encontrar justicia para quienes sufren el atropello, en muchas ocasiones generado por la propia administración de justicia, es inexistente.

Derecho de sufragio activo. El derecho a votar en las elecciones está bajo sumario, restándosele a toda la ciudadanía el derecho de optar por ciertas expresiones políticas, impedidas como están para desarrollar el papel que en una verdadera democracia se presupone a los partidos políticos. El diálogo político aparece definitivamente criminalizado.

Derecho de sufragio pasivo Miles de personas son impedidas de ejercer su derecho a presentarse en candidaturas electorales, empleándose contra ellos términos como “contaminados”, “infiltrados”, “parasitados”, “listas blancas y negras”, que trasluce una forma de pensar y actuar por parte del estado absolutamente discriminatoria. El término apartheid contra sectores de ciudadanía en continua expansión cobra todo su significado.

Derecho a una reparación y restitución democrática. La involución en los derechos civiles y políticos nos obliga a exigir la reparación y superación de la actual situación sin demora y sin excusas. La regeneración del espacio de participación democrática en Euskal Herria es inaplazable, ineludible e inexcusable. El restablecimiento de un sistema de libertades, absolutamente inapreciable hoy en día y la restitución del ejercicio de los derechos civiles y políticos más elementales es una prioridad que reivindicamos con absoluta determinación.

ADIERAZI-EH
30 de Enero de 2010

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Violencia y no-violencia. El poder, la contra al poder y la renuncia al poder

Con permiso de Mario Zubiaga,

Ver: Artículo Original publicado

e indirectamente de todas las personas que él leyó, voy a citarle un párrafo

<<Finalmente, en esa lucha democrática nos debe animar una constatación: el poder judicial es siempre el último recurso del Estado. Es un arma temible, de destrucción masiva, cruel e inhumana, pero es su última arma disponible e, indefectiblemente, pierde eficacia ante gente desarmada. Pues, como bien dijo Hannah Arendt, poder y violencia son términos contrapuestos. Y ante el poder del pueblo nada puede la violencia del Estado>> ——————————

y darle vueltas a su últma frase, para llegar y conectar con esta otra frase de Darío Ergas en la que concuerdo

<<El único modo de disminuir la violencia es desconcentrando el poder.
El único modo de desconcentrar el poder es modificándolo sin violencia. >>

Bueno, para mí incorrecto es que poder y violencia sean términos contrapuestos como dide Arendt. Poder y violencia son consustanciales, no lo mismo pero sí inseparables.
Es obvio que el poder debe utilizar la violencia para sostenerse y perpetuarse, entenderemos por violencia toda acción y voluntad encaminada a negar la expresión de la voluntad o intencionalidad en otro ser y dominar alguna parte de su vida o decisiones, utulizando eso sí, diferentes tipos de “expresiónes de violencia”. La violencia física incluida, que en general suele ser la última y más evidente pero que antes ya se han utilizado otras expresiones de violencia.

VIolencia física todos sabemos lo que es, es tanto el acto extra-legal o ilegal, como el legal. Es parar a alguien que se niega a ser detenido y persiste en seguir su camino libremente, oponiendo una fuerza física para pararlo, algo tan simple como eso es violencia, violencia legal. Violencia es ordenar la intervención violenta en alguna zona del planeta esté esta orden sustentada por más o menos gente, o por un sistema establecido o no.

Pero hay muchas más violencias, violencia es mantener en un sistema econócico con la finalidad de mantener atadas a las personas a dicho poder, o negar los recursos o acceso a la riqueza a unos mientras se favorece a otros. VIolencia psicológica hay de muchos tipos. Está la simple amenaza velada o menos velada de que se va a ejercer la violencia física si el sujeto o los sujetos no se someten “voluntariamente”. Es violencia psicológica basada en la física, o bien de una amenaza futura, o bien de experiencias dolorosas pasadas, que al ser sugeridas y evocadas producen violencia psicológica encaminada al sometimiento al poder.

Violencia psicológica mezclada con física por ejemplo, sería a dos niveles la ejercida por EEUU a su población (psicológica) para obtener apoyo para hacer violencia física en otro lugar (Iraq). Me explico. La utilización consciente del miedo,o de la mentira, o de la promoción de intereses egoístas como exacerbador de emociones que vayan a sustentar una eventual acción de violencia física en otro lado, es violencia psicológica. Causar miedo en la población para inhibir sus respuestas, o para lograr doblegar alguna resistencia (como la no aceptación de medidas impopulares para convertirlas en aceptables) es violencia psicológica.

Violencia psicológica es la “idiotización” del pueblo, esta idiotización resumida en la frase “pan y circo” tiene como objeto manipular a las personas en sus posibles intencionalidades propias y matanerlas ciegas y por tanto acepten el poder a que son sometidas o acepten medidas que el poder va a tomar. VIolencia psicológica es la manipulación de la información cuando esta es encaminada a producir determinada respuesta buscada en la población. De todas ellas y de más, se hace valer el poder o bien para automantenerse, o bien para lograr la autorización de “su gente” para actuar contra otros grupos, pueblos, personas individuales, sectores, o naciones.

VIolencia psicológica es como he dicho exacerbar pasiones y miedos, utilizando sentimientos básicos, utilizando a las víctimas para lograr respuestas en la población, no de solidaridad humana, sino respuestas violentas o que llegarán a causar violencia encaminadas a otros fines, en todo caso fin violento si encamina a doblegar voluntades o someterlas.

Violencia psicológica es la infusión de moralidades y creencias obligatorias que anulan la libertad interna del sujeto. Haciéndole comportarse de manera “patrón previsible y obligado”. Es anular la libertad. Es inculcar un sistema de valores (el del mismo poder) por el que el propio sujeto se va a autosometer.

VIolencia es hacer un sistema de partitocracia que desconecta el poder decisorio real de las gentes de las decisiones del poder, haciendo el poder un simple sillón por el que disputan dos empresa/partido. Y hacer pensar que “todo es inútil porque el sistema funciona así” siendo en realidad una maquinaria partidaria/institucional que se autoregula para desconectar el poder real del pueblo.

Bueno, sentada la base de lo que es la violencia, y de cómo la utiliza el poder, la pregunta es. ¿Cómo es puede romper una dinámica y esquema de violencia psicológica o de dominación inherente hasta ahora a todo poder? ¿Se puede hacer sin oponer ninguna resistencia de ningún tipo y sin hacer nada? Evidentemente no. Hacer hay que hacer algo. EL poder se encuentra en su salsa cuando existe la “extraordinaria placidez” de un sometimiento aceptado y nadie lo cuestiona.

Pero alto, el poder se autorefuerza cuando a su violencia se le enfrenta violencia. ¿Por qué? Porque el poder concentrado o instituido cuenta con mecanismos para reforzarse ante su gente u acumular más fuerzas y hacer más violencia todavía que cualquier grupo que le acose. Es más, el simple hecho de que se le acose violentamente, deja en evidencia al volento que acosa al poder, porque el poder sabe cómo aparecer como víctima, y reclamar apoyos para ejercer más violencia a su vez.
Por otro lado una consideración, si nuestro interés es desconcentrar el poder, o desactivar un sistema violento en cuanto a sometedor de voluntades y en cuanto a violento en su naturaleza, no podemos decir que validamos la violencia como método aceptable ¿Por qué? Porque aún en el caso de ganar, lo único que habríamos hecho no es acabar con el poder, sino cambiar el sujeto y poner otro poder violento u otra naturaleza violenta del poder. Incluso en el caso que el que hace violencia tras desestabilizar el poder, optara por no tomarlo, otro lo tomaría, y sin verdadera concienciación popular acerca de los intereses de la revolución de la no-violencia, el nuevo poder sería asímismo violento. Lo hemos visto en la URSS, lo hemos visto en Cuba. EN el fondo lo hemos visto en todos los contrapoderes, porque el contrapoder es otro poder.

¿Entonces? Pues parece claro, ló único que puede cambiar el poder es cierta acción que pueda poner en evidencia las contradicciones del sistema, que pueda concienciar a la gente a que sea realmente conciente de la trama que el poder tiene echada sobre él, para que cuando el poder le “pida” autorizaciones para hacer violencia, no le sea fácil conseguirla engañando a la gente opr medio de la violencia psicologica, económica o física.

La única manera de lucha efectiva, para ser consecuentes, y para ser eficientes, es la no-violenta, pero no la no-acción. Es preferible que la gente se exponga a la violencia desmedida del poder para hacer evidente sus contradicciones (como hizo Gandhi) a no hacer nada. Es preferible hacer algo que “moleste” pero que no sea violento, para llamar la atención de la propia gente que sustentamos el poder. Podemos recordar aquí la efectividad a largo plazo de las luchas “simbólicas” de Green peace, de las mujeres mártires en el reclamo de su derecho a voto, etc, para constaar, que a la gente se la despierta haciendo algo, pero no poniendo bombas, sino algo que haga poner la atención en ello, o algo que haga que el poder muestre su “molestia” incluso aunque fuera de forma desmesurada.

Así pues para resumir:

  1. EL poder es violencia o se sustenta en ella. Violencia es someter voluntades de personas o pueblos, y violencia es el método que se utiliza para ello.
  2. Que la violencia del poder se sustente en votaciones, y en la “legitimidad” que estan otorguen para hacer violencia en otros o en alguna parte, es una coyuntura histórica más, pero es de hacer notar que a las poblaciones de un poder, ese poder tiene que hacerles violencia psicológica incluso para que les dé el visto bueno para que someta al grupo que se propone someter, (y a todo el pueblo en definitiva).
  3. La mejor manera de cambiar eso es hacer algo, (parece evidente pero no lo es tanto).
  4. La única manera efectiva de hacer algo es hacerlo de manera no-violenta, ganándose las adhesiones de la gente que el poder necesita para validar la acción violenta o la intención violenta de dominio.
  5. Y la única manera moral de hacer algo es hacerlo de manera no-violenta, porque hacerlo de manera violenta supone que en realidad, no se quiere desconcentrar o humanizar el poder, sino cambiar el sujeto de poder, y perpetuar el poder violento como sistema político/social.

Aplicando esto en el País Vasco tenemos dos cosas, es un error continuar en la violencia,y
2. es falso que la opción del sistema es la no-violencia. Deactivar la violencia del estado es tarea de todos también , al menos de los que opten por un sistema creciente de libertades.
No sirve la una sin la dos, ni la dos sin la una.

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